Mirad, el sabio rey don Salomón, creo que tuvo más de una mujer;
¡Plugiera a Dios que lícito me fuera refrescarme la mitad de a menudo que él!
¿Qué don de Dios tuvo por todas sus mujeres? Nadie en este mundo vivo tiene tal.
Dios sabe que este noble rey, según mi parecer, la primera noche tuvo muchos ratos alegriños con cada una de ellas, ¡tan bien que se hallaba en vida!
¡Bendito sea Dios porque yo me he casado cinco veces!
¡Bienvenido sea el sexto, cuandoquiera que llegue!
Pues dado que no me mantendré casta en todo, cuando mi esposo se haya marchado de este mundo, algún hombre cristiano me desposará al instante.
Pues entonces el apóstol dice que soy libre para casarme, en nombre de Dios, donde me plazca. Dice que estar casada no es pecado; mejor es casarse que arder.
¿Qué se me da de que la gente hable mal del malvado Lamec y su bigamia? Bien sé que Abraham fue un hombre santo, y Jacob también, hasta donde alcanzo. Y cada uno de ellos tuvo más de dos esposas; y muchos otros hombres santos también.
¿Dónde podéis ver, en cualquier época, que el Dios altísimo prohibiera el matrimonio con palabra expresa? Os ruego que me lo digáis; ¿o dónde mandó él la virginidad?
Bien sé, lo mismo que vosotras, sin duda alguna, que cuando el apóstol habló de la doncellez, dijo que precepto no tenía ninguno de ella; la gente