«Una barba, una barba», dijo Hendy Nicholas; «Por el cuerpo de Dios, esta jugada salió limpia y bien».
El tonto de Absolon oyó cada detalle, y de ira se mordió el labio; y se dijo a sí mismo: «Te la pagaré».
¿Quién se frota ahora, quién ahora los labios Con polvo, con arena, con paja, con trapo, con astillas, Sino Absalón? Que dice muy a menudo: «¡Ay! Mi alma encomiendo a Satanás, Antes daría que todo este pueblo —dijo él—, Que de este ultraje vengado poder ser. ¡Ay! ¡Ay! Que he sido cegado».
Su ardiente amor es frío y está del todo extinguido. Pues desde el momento en que le besó el trasero, De amores ya no daba un maravedí, Pues quedó curado de su mal de amores; Muy a menudo empezó a despreciar los amores, Y a llorar como un niño al que han zurrado.
A paso suave fue por la calle hacia un herrero, don Gervasio llamado, que en su fragua forjaba aperos de labranza; afilaba con afán la reja y la cuchilla.
Este Absalón golpeó con toda suavidad, y dijo: «Abre, Gervasio, y hazlo al instante».
«¿Qué, quién eres?». «Soy yo, Absalón». «¿Qué? ¿Absalón, qué? ¡Dulce madero de Cristo!, ¿Por qué te levantas tan temprano? ¡ay!, ¡benedicité!, ¿Qué te aflige? Alguna alegre muchacha, Dios lo sabe, te trae así de un lado para otro; por san Neoto, bien sabes a qué me refiero».
This Absolon he raughtë not a bean Of all his play; no word again he gaf, For he had morë tow on his distaff Than Gerveis knew, and saidë; “Friend so dear, That hotë culter in the chimney here Lend it to me, I have therewith to don: I will it bring again to thee full soon.”