Codal
nydus/The Canterbury TalesPublic
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El cuento

una lengua perversa es peor que un demonio: hijo mío, de un demonio uno puede defenderse bendiciéndose. Hijo mío, Dios en su bondad infinita circundó la lengua con dientes y también con labios, para que el hombre medite sobre lo que habla. Hijo mío, muy a menudo por hablar en exceso se ha arruinado a muchos hombres, como enseñan los clérigos; mas por hablar poco y con prudencia nadie resulta dañado, hablando en general. Hijo mío, habrías de refrenar tu lengua en todo momento, excepto cuando te esfuerces en hablar de Dios con honor y en oración. La primera virtud, hijo, si quieres aprender, es refrenar y cuidar bien la lengua; así lo aprenden los niños cuando son pequeños. Hijo mío, de hablar mucho y sin prudencia, donde un hablar más escaso hubiera bastado, proviene gran daño; así se me dijo y enseñó; en el mucho hablar el pecado no falta. ¿Sabes para qué sirve una lengua precipitada? Exactamente igual que una espada corta y tajea un brazo en dos, mi querido hijo, así mismo una lengua corta la amistad en dos pedazos. Un charlatán es abominable ante Dios. Lee a Salomón, tan sabio y honorable; lee a David en sus Salmos, y lee a Séneca. Hijo mío, no hables, sino asiente con la cabeza, disimula como si estuvieras sordo, si por ventura escuchas a un charlatán hablar de asuntos peligrosos. Los flamencos dicen, y apréndelo si te apetece, que el hablar poco causa mucho sosiego. Hijo mío, si no has pronunciado ninguna palabra malvada, no has de temer ser descubierto; pero aquel que ha hablado mal, os oso bien decir, no puede de ningún modo retirar su palabra. Lo dicho, dicho está, y sigue su camino, aunque se arrepienta, por mucho que le cueste; él es esclavo de aquel a quien le ha dicho un cuento por el cual ahora se siente desdichado. Hijo mío, guárdate, y no seas creador de nuevas noticias, ya sean falsas o verdaderas; vayas donde vayas, entre grandes o humildes, cuida bien tu lengua y piensa en el cuervo».

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