CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Canterbury TalesPublic
Página 64 de 529
Table of Contents

El cuento del caballero

«Oh, la más bella entre las bellas, Venus, mi señora, hija de Jove y esposa de Vulcano, tú, que alegras el monte Citerón! Por aquel amor que tuviste por Adonis, ten piedad del dolor de mis amargas lágrimas y acoge mi humilde plegaria en tu corazón.

¡Ay de mí! No tengo lengua para contar Los efectos, ni el tormento de mi infierno; Mi corazón no puede revelar mis males; Estoy tan confundido, que no sé qué decir.

Mas piedad, señora brillante, que bien conoces Mi pensamiento, y ves el mal que siento. Considera todo esto y apiádate de mi dolor, Tan cierto como que por siempre jamás Esforzaré mis fuerzas para ser tu fiel servidor, Y haré la guerra siempre a la castidad: Eso lo juro, si me ayudáis.

No me cuido de armas para jactarme, Ni pido mañana tener la vitoria, Ni renombre en este caso, ni vanagloria Del premio de las armas, que va y viene, Sino que yo poseyese plenamente A Emilia, y morir en su servicio; Halla tú el modo de cómo, y en qué juicio.

No me importa, con tal que mejor sea, Obtener la vitoria de ellos, o ellos de mía, Con tal que a mi dama en mis brazos tenga. Pues aunque sea que Marte es dios de armas, Tu virtud es tan grande en el cielo arriba, Que, si te place, tendré bien a mi amada.

Tu templo adoraré por siempre más, y en tu altar, doquiera vaya o esté, haré sacrificio y avivaré el fuego.

Y si no lo hacéis así, dulce señora mía, entonces os ruego que mañana con una lanza Arcita me atraviese el corazón.

Entonces no me importará, cuando haya perdido la vida, aunque Arcita la gane por esposa.

Este es el efecto y fin de mi plegaria: dame mi amor, oh dichosa señora mía».

64