Este alegre aprendiz con su amo moraba, hasta que el término de su aprendizaje rozaba, aunque lo regañasen tarde y temprano, y al jolgorio de Newgate fuese llevado de mano.
Pero al fin a su amo vino a la mente, cierto día que buscaba un papel ausente, un proverbio que dice estas mismas palabras: mejor es que la manzana podrida se abra y del cesto salga, antes de pudrir al resto: así pasa con el criado disoluto y honesto; es mucho menor mal dejarlo marchar, que a los demás criados en el sitio echar a perder y dañar.
Por ende, su amo le dio el finiquito, y le mandó irse, con desdicha y gran delito. Y así este alegre aprendiz obtuvo su licencia: pueda ahora festejar de noche, o tener paciencia.
Y, pues no hay ladrón sin secuaz que lo ayude a malgastar y fundir cuanto logra robar o pedir prestado, al punto envió su lecho y su equipaje a un compadre de su misma calaña, aficionado a los dados, al desmadre y al jolgorio, que tenía una mujer que, por toda fachada, llevaba una tienda y se acostaba por ganarse la vida. ⋮