pies, nada diría de cuán desdichado me encuentro. Mas a buen seguro debo morir o lamentarme; vos me matáis sin culpa por puro sufrimiento. Y aunque de mi muerte no tengáis compasión, pensadlo bien antes de romper vuestra promesa: arrepentíos, por ese Dios de lo alto, antes de que me matéis por el hecho de amaros. Pues, Madame, bien sabéis lo que prometisteis; no es que reclame nada por derecho de vos, mi soberana señora, sino por gracia; mas en un jardín allá, en tal lugar, bien sabéis lo que me prometisteis, y en mi mano vuestra palabra me disteis de amarme por encima de todo; Dios sabe que así lo dijisteis, por más que yo sea indigno de ello; Madame, lo digo por vuestro honor, más que por salvar ahora la vida de mi corazón; he hecho tal como me mandasteis, y si os dignáis, podéis ir a verlo. Haced lo que os plazca, tened vuestra promesa en mente, pues, vivo o muerto, allí mismo me encontraréis; en vos reside hacerme vivir o morir; mas bien sé yo que las rocas ya no están».
Table of Contents
El cuento del terrateniente
326