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nydus/The Canterbury TalesPublic
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El Prólogo

puede aconsejar a una mujer que sea una, mas el consejo no es un mandamiento; él lo dejó a nuestro propio juicio. Pues, si Dios hubiera mandado la doncellez, entonces habría condenado el casamiento, sin duda; y ciertamente, si no se sembrara semilla alguna, la virginidad entonces, ¿de dónde brotaría? Pablo no osó mandar, al menos, una cosa de la que su Maestro no dio mandato. El dardo está dispuesto para la virginidad; atrápelo quien pueda, veamos quién corre mejor. Pero esta palabra no se le aplica a cualquiera, sino allí donde Dios la otorgará con su poder.

Bien sé que el apóstol era casto, mas pese a que escribió con gran recato que a todos como a él les prefería, consejo es solo lo de la virginidad.

Y puesto que casarme dio en licencia por indulgencia, no es ninguna afrenta si me casase, al morir mi esposo, sin que importe el segundo matrimonio;

aunque fuera mejor no tocar dama (en su lecho decía o en su cama), pues es peligro juntar estopa y fuego; ya sabéis a qué alude este juego.

Esto es en suma: consideró que la virginidad era más provechosa que el matrimonio en fragilidad (fragilidad llamo al hecho de que él y ella conduzcan sus vidas por entero en castidad); lo concedo con agrado, no tengo envidia de nadie que prefiera la doncellez a la bigamia; les agrada estar limpios en cuerpo y espíritu; de mi condición no quiero hacer alarde.

Pues, bien sabéis, un señor en su casa no tiene toda vasija de oro; algunas son de madera, y sirven a su señor. Dios llama a las gentes a sí de diversas maneras, y cada uno tiene de Dios su propio don, unos esto, otros aquello, según le place repartir.

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