El Pardoner no respondió ni una sola palabra; tan airado estaba, que ni una palabra quiso decir.
“Ahora —dijo nuestro Hostalero—, no jugaré más contigo ni con ningún otro hombre enfadado”. Pero en seguida el digno Caballero comenzó (cuando vio que toda la gente reía): “No más de esto, pues es más que suficiente. Señor Pardoner, estad alegre y de buen talante; y vos, señor Hostalero, que me sois tan querido, os ruego que beséis al Pardoner; y tú, Pardoner, te ruego que te acerques, y, como hacíamos, ríamos y juguemos”. En seguida se besaron y siguieron su camino.