“Tú dices más, que hay cosas tres, Que las cuales muy harto turban esta tierra, Y que nadie la cuarta soportar no yerra: ¡Oh querido bribón, que Jesús te abrevie el día!
Y predicas, diciendo, que una esposa impía Se cuenta por una de tales asechanzas. ¿No hay otras maneras de semejanzas A las que tus parábolas puedas asemejar, A menos que una boba esposa de esas deba estar?
Tú comparas de una mujer el amor al infierno; A tierra yerma donde no habita agua en invierno. Tú lo comparas también al fuego salvaje; Cuanto más arde, más tiene el coraje De consumir todo aquello que quemado ha de ser.
Tú dices que, tal como al árbol el gusano ha de comer, De ese modo la esposa destruye a su marido; Bien lo saben los que a las esposas se han unido.”
Señores, justo así, como habéis entendido, sostuve firmemente ante mis viejos maridos que eso decían ellos en su embriaguez; y todo era