y agraviado a mi señor Melibeo sin medida, hasta el punto de que no tenemos el poder de hacerle enmienda; y por ello nos obligamos y nos comprometemos, a nosotros y a nuestros amigos, a hacer toda su voluntad y su mandato. Mas tal vez él abrigue tanta pesadumbre y tanta ira hacia nosotros, a causa de nuestra ofensa, que nos imponga una pena que no podamos soportar ni sostener; y por tanto, noble señora, suplicamos a vuestra piedad de mujer que toméis tal consejo en este trance, que ni nosotros ni nuestros amigos seamos desheredados y destruidos por nuestra
“Ciertamente —dijo Prudencia—, es cosa difícil y muy peligrosa que un hombre se entregue por completo al arbitraje, al juicio, al poder y a la potestad de su enemigo. Pues Salomón dice: ‘Créeme, y da crédito a lo que te diré: ni a tu hijo, ni a tu mujer, ni a tu amigo, ni a tu hermano des jamás poder ni señorío sobre tu cuerpo, mientras vivas’. Ahora bien, puesto que prohíbe que un hombre dé a su