y condúcenos a todos a tu alta bienaventuranza. Amén.
—Don Nuñe, cura —dijo al punto el Hoste—, / ¡Benditos sean tus calzones y cada piedra tuya!; esta fue una alegre historia de Chanticlere.
Mas, a fe mía, si fueras mundano, / serías todo un gallo de casta; pues si tienes tanto valor como poder, / te harían falta gallinas, según creo, / sí, más de siete veces diecisiete.
¡Ved qué músculos tiene este gentil cura, / tan gran cuello y tan ancho pecho! / Mira con ojos de gavilán; / no le hace falta teñirse el color / con brasil ni con grano de Portugal. / Mas, señor, ¡bienaventurado seáis por vuestro cuento!
Y, tras esto, con muy alegre semblante / le habló a otro, como habréis de oír. ⋮