Gran maravilla es cómo pudo o tuvo a bien ser el juez de su belleza muerta: El vino mandó que le trajeran, y bebió al instante; ninguna otra aflicción mostró. Cuando el poder se une a la crueldad, ¡ay!, demasiado hondo penetrará el veneno.
En su juventud tuvo este emperadór un maestro que le enseñó letras y cortesía; pues de la moralidad era la flor, según su tiempo, a menos que los libros mientan.
Y mientras este maestro tuvo sobre él señorío, lo hizo tan sabio y tan flexible, que pasó mucho tiempo antes de que la tiranía, o cualquier vicio, osara en él desatarse.
Este Séneca, de quien tal cuento os doy, pues Nerón tanto le temía al desdichado, porque él de vicios le corregía hoy por hoy con palabras, con discreción y de lado;
«Señor», solía decirle, «al monarca le ha tocado ser virtuoso y la tiranía aborrecer». Por lo cual mandó en un baño ser sangrado de ambos brazos, hasta que hubo de fallecer.
Este Nerón solía por costumbre en su juventud alzarse contra su maestro, lo cual después consideró un gran agravio; por eso hizo que muriera de esta manera.
Mas sin embargo este sabio Séneca eligió morir en un baño de este modo, antes que sufrir otro tormento; y así mató Nerón a su querido maestro.
Aconteció que a la Fortuna plugo No más del alto orgullo de Nerón Nutrir la saña; pues si fuerte tuvo Aquel su empeño, más fue su tizón. Pensóse así: «¡Por Dios, menoscabo son Poner a un hombre de vicios colmado Tan alto, y emperador por condición! ¡Por Dios, de su sitial lo habré tirado! Cuando menos lo piense, caerá fulminado».