Y luego al paso se despierta una áspera contienda por esa concesión, allá en los altos cielos, entre Venus, la diosa de los celos, y el fiero Marte, dios de la armipotencia, que Júpiter afanóse en calmar con paciencia; hasta que el pálido Saturno, el helado, que tantas aventuras de antaño había notado, halló en su vieja experiencia tal maña y tal arte, que al punto dejó satisfecha a cada parte.
Como es verdad dicha, la edad gran ventaja atesora, pues en la vejez sabiduría y uso mora: al viejo se le puede huir, mas no superar en consejo. Saturno al punto, para apaciguar el miedo y el pleito viejo, aunque contra su propia naturaleza fuere, halló un remedio para que esta pugna fin diere.
“Mi querida hija Venus”, dijo Saturno, “Mi curso, que tanto trecho ha de rodar, Tiene más poder del que nadie sabe. Mío es el ahogo en el mar marchito; Mío es el encierro en la celda oscura, Mío el estrangulamiento y el colgar del cuello, El rumor y la grosera rebeliñón, El refunfuño y el veneno secreto. Hago venganza y cabal corrección, Moro en el signo del león. Mía es la ruina de las altas salas, La caída de las torres y los muros Sobre el minero o el carpintero: Yo maté a Sansón al sacudir el pilar: Mías son también las