Él mismo, desesperado, también de hambre murió.
Así acabó este conde de Pisa; De su alto estado la Fortuna lo despojó.
De esta tragedia basta ya con esto; Quien desee escucharla de un modo más extenso, Lea al gran poeta de Italia, Que se llama Dante, pues él sabe narrarla De punto a punto, ni una sola palabra omitirá.