Dijo el Manciple: «Eso sería gran daño; así fácilmente me pondría en la trampa. Mas prefiero pagar por la yegua en la que cabalga, antes que él discuta conmigo. ¡No quiero irritarlo, viva yo! Aquello que hablé, lo dije en broma.
¿Y sabéis qué? Tengo aquí en mi calabaza un trago de vino, sí, de uva madura, y ahora mismo veréis una buena broma. Este cocinero beberá de él, si puedo; a riesgo de mi vida, no dirá que no».
Y ciertamente, para decirlo tal como fue, de esta vasija bebió el cocinero con ganas (¡ay, qué necesidad había? Ya había bebido bastante antes), y cuando hubo soplado en su cuerno, le devolvió la calabaza al Manciple. Y de aquel trago el cocinero se alegró maravillosamente, y se lo agradeció del mejor modo que supo.
Then gan our Host to laughë wondrous loud,
And said, “I see well it is necessary Where that we go good drink with us to carry; For that will turnë rancour and disease T’ accord and love, and many a wrong appease.
O Bacchus, Bacchus, blessed be thy name, That so canst turnen earnest into game! Worship and thank be to thy deity.
Of that mattére ye get no more of me.
Tell on thy tale, Manciple, I thee pray.”
“Well, Sir,” quoth he, “now hearken what I say.”