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nydus/The Canterbury TalesPublic
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El cuento del bulero

Y con esas palabras le sucedió por casualidad tomar la botella donde estaba el veneno, y bebió, y dio de beber también a su compañero, por lo cual de inmediato murieron los dos. Pero ciertamente supongo que Avicena nunca escribió en ningún canon, ni en ninguna sección, señales más milagrosas de envenenamiento que las que tuvieron estos dos desdichados antes de su fin. Así terminan estos dos homicidas, y también el falso envenenador. ¡Oh pecado maldito, lleno de toda maldad! ¡Oh homicidio traicionero! ¡Oh iniquidad! ¡Oh gula, lujuria y ludopatía! ¡Blasfemo de Cristo con vileza, y de grandes juramentos por costumbre y por orgullo! ¡Ay, género humano!, ¿cómo puede suceder que con tu Creador, que te formó, y con la preciosa sangre de su corazón te compró, seas tan falso y tan desleal, ay!

Now, good men, God forgive you your trespáss, And ware you from the sin of avaríce.

Mine holy pardon may you all waríce, So that ye offer nobles or sterlings, Or ellës silver brooches, spoons, or rings.

Bowë your head under this holy bull.

Come up, ye wives, and offer of your will; Your names I enter in my roll anon; Into the bliss of heaven shall ye gon; I you assoil by minë high powére, You that will offer, as clean and eke as clear As ye were born.

Lo, Sirës, thus I preach; And Jesus Christ, that is our soulës’ leech, So grantë you his pardon to receive; For that is best, I will not deceive.

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