costarle a la gente pobre debido a la escasez; y además, dado el caso de que quisieran dar semejantes vestidos picados y recortados a la gente pobre, no son convenientes de llevar para su condición, ni suficientes para socorrer su necesidad, para preservarlos de la inclemencia del firmamento. Por otra parte, para hablar de la horrible y desordenada escasez de vestidos, como son estos calzones cortados o greguescos, que a causa de su brevedad no cubren el miembro vergonzoso del hombre, ¡con malvada intención, ay!, algunos de ellos muestran el bulto y la forma de los miembros horriblemente hinchados, que parecen semejantes a la dolencia de la hernia, en el ceñidor de sus calzas, y asimismo sus nalgas, que se comportan como si fueran la parte trasera de una mona en plenilunio. Y más aún, los míseros miembros hinchados que muestran mediante el disfraz, al dividir sus calzas en blanco y rojo, parece que la mitad de sus vergonzosos miembros pudendas estuvieran desollados. Y si por acaso dividen sus calzas en otros colores, como es blanco y azul, o blanco y negro, o negro y rojo, y así en adelante; entonces parece, por la variedad del color, que la mitad de sus miembros pudendos está corrompida por el fuego de san Antón, o por el cáncer, o por otra desgracia semejante. Y de la parte trasera de sus nalgas es bien horrible de ver, pues ciertamente, en aquella parte de su cuerpo donde purgan su hedionda inmundicia, esa parte sucia la muestran a la gente con orgullo en desprecio de la honestidad, la cual honestidad Jesucristo y sus amigos cuidaron de mostrar en su vida. Ahora bien, en cuanto al atavío escandaloso de las mujeres, Dios sabe que, aunque los rostros de algunas de ellas parezcan muy castos y apacibles, revelan sin embargo, en su arreglo y atuendo, lascivia y orgullo. No digo que la honestidad en el vestido de hombre o mujer sea inconveniente, mas ciertamente, la superfluidad o la desordenada escasez de vestidos es reprobable.
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El cuento
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