Ya para cuando el Mancipio su cuento hubo acabado, el sol de la línea sur había descendido tan bajo, que no estaba a mi vista a veintinueve grados de altura, diría a la vista.
Las cuatro eran entonces, según supuse, pues once pies, un poco más o menos, era mi sombra a la sazón allí, de tales pies como mi estatura se dividía en seis pies iguales en proporción.
Junto con esto, la exaltación de la luna, en el Libra medio, comenzó a ascender siempre, cuando entrábamos al extremo de una aldea.
Por lo cual nuestro Hostalero, como solía guiar, en este caso, a nuestra alegre compañía, habló de este modo: «Señores todos, ya no nos falta más cuento que uno. Cumplida está mi sentencia y mi decreto; creo que hemos oído a cada rango. Casi cumplida está mi ordenanza; ruego a Dios que le dé muy buena suerte al que nos cuente este cuento con ganas.
Señor Sacerdote —dijo—, ¿eres vicario? ¿O eres párroco? Di la verdad por tu fe. Seas quien seas, no rompas nuestro juego; pues todos, excepto tú, han contado su cuento. Desabróchate y muéstranos lo que hay en tu zurrón. Porque en verdad me parece por tu semblante que sabrías hilvanar bien un gran asunto. Cuéntanos una fábula ahora mismo, ¡por los huesos de Dios!».
This Parson him answered all at ones; “Thou gettest fable none y-told for me, For Paul, that writeth unto Timothy, Reproveth them that weivë soothfastness, And tellë fables, and such wretchedness. Why should I sowë draff out of my fist, When I may sowë wheat, if that me list? For which I say, if that you list to