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nydus/The Canterbury TalesPublic
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El cuento

Y cuando este alquimista vio su hora, “Levantaos, señor cura —dijo—, venid acá; y como bien sé que lingote no tenéis, id a dar un paseo y traedme una piedra de tiza; pues la haré de la misma forma que es un lingote, si tengo buena suerte. Traed también con vosotros un cuenco, o una sartén, lleno de agua, y bien veréis entonces cómo nuestro negocio sale bien y se prueba. Y aun para que no tengáis ninguna desconfianza ni concepto erróneo de mí, en vuestra ausencia, no quiero estar fuera de vuestra presencia, sino ir con vos y volver con vos de nuevo”. La puerta de la cámara, para decirlo brevemente, la abrieron y cerraron, y se fueron su camino, y se llevaron consigo la llave; y volvieron sin demora alguna. ¿Para qué he de entretenerme todo el santo día? Cogió la tiza y la moldeó a la manera de un lingote, tal como os voy a describir; digo que sacó de su propia manga una lámina de plata (¡mal fin tenga!) que no pesaba más de una onza justa. Y prestad ahora atención a su maldito engaño; moldeó su

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