corceles espumosos sobre la brida de oro mordiendo, y raudos los armeros también con lima y martillo apresurándose de aquí para allá; villanos a pie y mozos en gran número con bastones cortos, tan espesos como pueden marchar; flautas, trompetas, atabales y clarines, que en la batalla lanzan sangrientos sones;
El palacio repleto de gente por doquier, Allí tres, allá diez, sosteniendo su cuestión, Cavilando sobre estos dos caballeros tebanos.
- Unos decían esto, otros decían que será así;
- Unos defendían al de la barba negra,
- Unos al calvo, otros al de cabello espeso;
- Unos decían que tenía aspecto fiero y que daría batalla:
- Llevaba un hacha de armas de veinte libras de peso.
Así la sala estuvo llena de conjeturas Mucho después de que el sol comenzara a surgir.
El gran Teseo, que de su sueño es despertado con juglaría y gran rumor armado, aún en su rico palacio se retuvo, hasta que ambos caballeros tebanos hubieron honores, y al palacio fueron traídos.
El duque Teseo está ante una ventana sentado, Ataviado cual si fuera un dios en su trono: El pueblo se agolpa hacia allí muy pronto Para verlo a él, y rendirle reverencia, Y también para escuchar su mandato y su sentencia. Un heraldo sobre un estrado hizo un silencio, Hasta que el rumor del pueblo hubo cesado; Y cuando vio al pueblo del todo callado,