condición, Y celebró un banquete por tres días enteros; Y escoltó a los reyes dignamente Más allá de una jornada de su villa. Y a casa se fue cada cual por el camino recto; No hubo más que «Adiós, que pases buen día».
De esta batalla no diré ya más, sino hablar de Palamón y de Arcite.
Hinchase el pecho de Arcite y la dolencia en su corazón crece con mayor veencia.
La sangre cuajada, pese al arte del lechero, se corrompe y queda en su cuerpo por entero, de modo que ni sangría ni ventosa, ni hierbas en bebida le sirven de cosa.
La virtud expulsiva o animal, de aquella virtud llamada natural, ni puede anular el veneno ni expulsarlo. Los conductos de sus pulmones empezaron a inflamarse, y cada músculo de su pecho hacia abajo está arruinado por el veneno y la corrupción.
De nada le sirve ya, para salvar su vida, el vómito hacia arriba ni la purga hacia abajo; toda aquella región está hecha pedazos; la naturaleza ya no tiene dominio.
Y ciertamente, donde la naturaleza no quiere obrar, adiós medicina: id a llevar el hombre a la iglesia.
En suma y conclusión, Arcite tiene que morir. Por lo cual hace llamar a Emilia, y a Palamón, que era su primo querido. Entonces dijo así, como en seguida vais a oír.