«Señores, la necesidad por la cual estamos congregados en este lugar es un asunto de mucho peso y una alta cuestión, debido a la injuria y a la maldad que se han cometido, y asimismo en razón de los grandes daños que en el tiempo venidero es posible que sobrevengan por la misma causa, y asimismo por razón de las grandes riquezas y del poder de ambas partes; por cuyas razones, sería un grandísimo peligro errar en este asunto. Por lo cual, Melibeo, este es nuestro parecer: te aconsejamos, sobre todas las cosas, que ahora mismo pongas tu diligencia en la guarda de tu cuerpo, de tal manera que no te falte espía ni centinela para salvar tu persona. Y después de eso, te aconsejamos que en tu casa pongas guarnición suficiente, para que puedan defender tanto tu cuerpo como tu casa. Mas, ciertamente, mover guerra o tomar venganza de improviso, no podemos juzgar en tan poco tiempo que sea provechoso. Por lo cual pedimos tiempo y espacio para deliberar en este caso para dictaminar; pues el refrán común dice así: "El que pronto juzga, pronto se arrepentirá". Y asimismo dicen que es sabio el juez que pronto entiende un asunto y juzga sin premura. Pues aun cuando toda tardanza sea molesta, al menos no es reproche en la emisión de un juicio, ni al tomar venganza, cuando esta es suficiente y razonable. Y eso lo mostró nuestro Señor Jesucristo con el ejemplo; pues cuando la mujer que fue prendida en adulterio fue llevada a su presencia para saber qué debía hacerse con su persona, aunque él bien sabía lo que habría de responder, con todo no quiso responder de improviso, sino que quiso tener deliberación, y en el suelo escribió dos veces. Y por estas causas pedimos deliberación y entonces, por la gracia de Dios, aconsejaremos lo que sea
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El cuento de Melibeo
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