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nydus/The Canterbury TalesPublic
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El cuento

Ella es el espejo de toda cortesía, Su corazón, un verdadero aposento de santidad, Su mano, ministra de largueza para limosnas.”

Y toda esta voz fue cierta, tan cierto es Dios; Pero volvamos ahora a nuestro propósito. Estos mercaderes han vuelto a fletar sus naves, Y cuando han visto a esta doncella dichosa, A Siria se fueron entonces muy gozosos, Y atendieron sus menesteres, como solían antaño, Y vivieron en dicha; más no os puedo decir.

Sucedió entonces que estos mercaderes gozaban del favor De aquel que era el Sultán de Siria: Pues cuando venían de cualquier extraño lugar Él, con su benévola cortesía, Los agasajaba y con ahínco recababa Noticias de diversos reinos, para conocer Las maravillas que pudieran ver o oír.

Entre otras cosas, de modo especial estos mercaderes le han hablado de la gran nobleza de la dama Constanza, y de su real talante, que este Sultán ha tomado tan gran deleite en retener su figura en el recuerdo, que todo su deseo y su más afanoso empeño eran amarla mientras le durase la vida.

Quizá en aquel gran libro, Que llaman el cielo, escrito estaba Con estrellas, cuando él su nacimiento tuvo, ¡Que él por amor habría su muerte, ay de mí!

Pues en las estrellas, más claras que el vidrio, Está escrito, Dios sabe, quien pudiera leerlo, La muerte de todo hombre sin duda alguna.

En las estrellas mucho tiempo antes estaba escrita la muerte de Héctor, de Aquiles, de Pompeyo, de Julio, antes de que nacieran; la contienda de Tebas; y la de Hércules, la de Sansón, Turno y la de Sócrates la muerte; mas el entendimiento de los hombres es tan torpe, que nadie puede leerlo bien por completo.

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