sea de mayor agrado Y de mayor honor para vos y también para mí; No me importa ninguna de las dos cosas: Pues lo que os agrade, a mí me basta». «Entonces he ganado la autoridad —dijo ella—, Ya que puedo elegir y gobernar como me plazca». «Sí, ciertamente, esposa —dijo él—, lo considero lo mejor». « Bésame —dijo ella—, ya no estamos airados, Pues por mi palabra te seré ambas cosas; Es decir, sí, hermosa y bondadosa. Ruego a Dios que muera loca, Si no te soy tan buena y fiel, Como jamás lo fue esposa desde que el mundo era nuevo; Y si mañana no se me ve tan hermosa Como cualquier dama, emperatriz o reina, Que hay entre el Oriente y también el Occidente, Haced con mi vida y mi muerte justo lo que os plazca. Corred la cortina y mirad cómo es».
Y cuando el caballero vio de verdad todo esto, que ella era tan hermosa y además tan joven, de alegría la tomó en sus dos brazos: su corazón se bañó en un baño de dicha, mil veces seguidas comenzó a besarla; y ella le obedecía en cada cosa que pudiera procurarle agrado o complacencia.
Y así viven hasta el fin de sus vidas en perfecta dicha; y Jesucristo nos envíe maridos mansos y jóvenes, y fogosos en la cama, y la gracia de sobrevivir a aquellos con quienes nos casemos.
Y también ruego a Jesús que acorte la vida de aquellos que no quieran ser gobernados por sus mujeres. Y a los viejos y coléricos avaros en el gastar, ¡que Dios les mande pronto una buena peste!