instrumentos cantaban, O bien los leían para su deleite; Y uno de ellos tengo en la memoria, El cual diré de buena gana como pueda. Mas, señores, porque soy un hombre rudo, En mi comienzo primero os suplico Que me disculpéis por mi lenguaje grosero. Nunca aprendí retórica, ciertamente; Lo que hablo ha de ser simple y llano. Nunca dormí en el monte Parnaso, Ni aprendí de Marco Tulio Cicerón. Colores no conozco ninguno, sin duda, Salvo aquellos colores que crecen en el prado, O bien aquellos con los que los hombres tiñen o pintan; Los colores de la retórica me son extraños; Mi espíritu no entiende de tal materia. Pero, si os place, mi historia habréis de oír.”
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El Prólogo
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