Tanto de un carpintero como de su mujer, De cómo un estudiante le ha tomado el pelo al artesano.”
El chambelán respondió y dijo: «Corta el pico, deja tus necias y borrachas groserías. Es un pecado y además una gran locura menoscabar a cualquier hombre o difamarlo, y además traer a las esposas mala fama. Bien puedes decir bastantes otras cosas».
Este borracho molinero de nuevo habló muy presto, y dijo: «Amado hermano Oséwold, quien no tiene esposa, no es un cornudo.
Mas no por ello digo que tú lo seas; hay buenas esposas en gran cantidad.
¿Por qué estás ahora enojado con mi cuento? Yo tengo una esposa, pardiez, al igual que tú, y sin embargo, por los bueyes de mi arado, no querría tomar sobre mí más de lo necesario para juzgar de mí mismo que soy uno; prefiero creer firmemente que no lo soy.
Un marido no debe ser curioso de los secretos de Dios ni de los de su esposa. Con que pueda hallar allí la abundancia de Dios, por lo restante no necesita inquirir».
¿Qué más diré, sino que este Molinero no quiso callar su palabra por hombre alguno, sino que contó su grosero cuento a su manera; me parece que habré de repetirlo aquí. Y por ello a toda persona noble ruego, por el amor de Dios, que no juzguen que hablo con mala intención, sino que debo repetir todos sus cuentos, ya sean mejores o peores, o de lo contrario falsear parte de mi materia. Y por tanto, quien no guste de escucharlo, pase la hoja y escoja otro cuento; pues hallará bastante, tanto grande como pequeño, de cosas historiales que tocan la nobleza, y también la moralidad y la santidad.