el fin es que, obligado, tuvo por fuerza que desposarla, y tomar a esta vieja esposa, y acostarse con ella.
Ahora dirían algunos hombres quizás, que por mi negligencia no me preocupo de contarles toda la alegría y todo el fasto que en el banquete hubo aquel mismo día.
A lo cual responderé en pocas palabras: digo que no hubo alegría ni banquete en absoluto, no hubo sino pesadumbre y mucho dolor: pues a escondidas la desposó a la mañana siguiente; y todo el día tras de eso se ocultó como un búho, tan desdichado estaba, de tan fea que su esposa lucía.
Grande era el pesar que el caballero en su pensamiento tenía Cuando con su esposa a la cama fue llevado; Se revolvía y se volvía de un lado a otro. Esta vieja esposa yacía sonriendo sin cesar, Y dijo: «Querido esposo, benedicite, ¿Le va a todo caballero con su esposa así como a vos? ¿Es esta la