aunque tu atuendo sea pobre y mal parezca, haz al menos tu deber como merezca”.
“No solo, Señor, de que me alegue —dijo ella—, de cumplir vuestro deseo, sino que también deseo serviros y complaceros en mi grado, sin desmayar, y lo haré por siempre jamás: Ni jamás por ningún bien, ni por ninguna pena, cesará el espíritu dentro de mi corazón de amaros por encima de todo con toda mi lealtad”.
Y con tal palabra se dispuso a arreglar la casa, y a poner mesas y hacer camas, y se esmeró en hacer todo cuanto pudo, rogando a las camareras por amor de Dios que se dieran prisa, y barrieran y sacudieran rápido, y ella, la más servicial de todas, ha adornado cada cámara y su sala.
Hacia la hora tercia desmontó el conde, que traía consigo a estos dos nobles niños; por lo cual la gente corrió a ver el espectáculo de sus vestidos, tan ricamente ataviados; y entonces por fin entre ellos dicen que Gualterio no era un necio, aunque le placiera cambiar de esposa; pues era para bien.
Pues es más bella, a juicio de la gente, que Griselda, y de edad más tierna aún, y un fruto más hermoso y excelente entre ambos nacerá, por su común linaje noble y alto; y asimismo su hermano es tan hermoso de semblante que al pueblo alegra verlos y admirarlos, elogiando al marqués por gobernarlos.
“Oh pueblo tempestuoso, alegre y siempre infiel, e indiscreto, y mudable como una veleta, que se deleita siempre en el rumor nuevo, pues como la luna así crecéis y menguáis: siempre dados al aplauso, que vale poco más que un maravedí, vuestro juicio es falso, vuestra constancia resulta ruin, un grandísimo necio es quien en vosotros cree”.
Así dijo la triste gente en esa ciudad, Cuando la gente miraba arriba y abajo; Pues estaban alegres, por la novedad, De tener una nueva señora en