[3] En los días de gran regocijo popular, en que, en lugar de tragar polvo como el 15 de agosto y el 14 de julio bajo el capitalismo, los comunistas y los colectivos comerán, beberán y bailarán a placer, los miembros de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, los curas de sotana larga y corta, de la iglesia económica, católica, protestante, judía, positivista y de librepensamiento; los propagandistas del malthusianismo y de la ética cristiana, altruista, independiente o dependiente, vestidos de amarillo, serán obligados a sostener una vela hasta que esta les queme los dedos, se morirán de hambre a la vista de mesas cargadas de carnes, frutas y flores, y agonizarán de sed a la vista de toneles rebosantes.
Cuatro veces al año, con el cambio de las estaciones, serán encerrados como los perros de los afiladores en grandes ruedas y condenados a moler viento durante diez horas.
Los abogados y los legisladores sufrirán la misma pena.
Bajo el régimen de la ociosidad, para matar el tiempo, que nos mata segundo a segundo, habrá espectáculos y representaciones teatrales siempre y siempre.
Y he aquí la tarea precisa para nuestros legisladores burgueses. Los organizaremos en compañías ambulantes para ir por las ferias y las aldeas, dando funciones legislativas.
Los generales con botas de montar, el pecho brillantemente decorado con medallas y cruces, recorrerán las calles y los patios reclutando gente entre la buena gente.
Gambetta y su camarada Cassagnac harán de porteros. Cassagnac, con su atuendo completo de duelista, poniendo los ojos en blanco y retorciéndose el bigote, escupiendo estopa ardiendo, amenazará a todo el mundo con la pistola de su padre [4] y se hundirá en un agujero tan pronto como le muestren el retrato de Lullier.