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nydus/The Right To Be Lazy (1883)Public
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El derecho a la pereza

Nuestros moralistas son personas muy modestas. Si han inventado el dogma del trabajo, aún abrigan dudas sobre su eficacia para tranquilizar el alma, regocijar el espíritu y mantener el buen funcionamiento de las entrañas y demás órganos. Quieren probar sus efectos en el populacho, in anima vili, antes de volverlo contra los capitalistas, excusar y autorizar cuyos vicios es su particular misión.

Pero vosotros, filósofos de tres al cuarto, ¿por qué os batís así los sesos para elaborar una moral cuya práctica no os atrevéis a aconsejar a vuestros amos?

Vuestro dogma del trabajo, del cual estáis tan orgullosos, ¿queréis verlo escarnecido, deshonrado?

Abramos la historia de los antiguos pueblos y los escritos de sus filósofos y legisladores.

«No podría afirmar —dice el padre de la historia, Heródoto— si los griegos han recibido de los egipcios el desprecio en que tienen el trabajo, por cuanto encuentro el mismo desprecio establecido entre los tracios, los escitas, los persas, los lidios; en una palabra, porque entre la mayor parte de los bárbaros, los que aprenden las artes mecánicas y hasta sus hijos son tenidos por los más viles de los ciudadanos. Todos los griegos han sido educados en este principio, particularmente los lacedemonios». [1]

“En Atenas, los ciudadanos eran verdaderos nobles que no debían ocuparse más que de la defensa y de la administración de la comunidad, como los guerreros salvajes de quienes descendían. Puesto que debían

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