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nydus/The Right to Be LazyPublic
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Capítulo I Un dogma desastroso

Una extraña ilusión se apodera de las clases trabajadoras de las naciones donde impera la civilización capitalista.

Esta ilusión arrastra consigo las miserias individuales y sociales que desde hace dos siglos torturan a la triste humanidad.

Esta ilusión es el amor al trabajo, la pasión furiosa por el trabajo, llevada hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de su progenie.

En lugar de oponerse a esta aberración mental, los curas, los economistas y los moralistas han echado una aureola sagrada sobre el trabajo. Hombres ciegos y limitados, han querido ser más sabios que su Dios; hombres débiles y despreciables, han pretendido rehabilitar lo que su Dios había maldecido.

Yo, que no pretendo ser cristiano, economista ni moralista, apelo de su juicio al de su Dios; de las prédicas de su moral religiosa, económica o de libre pensamiento, a las espantosas consecuencias del trabajo en la sociedad capitalista.

En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformidad orgánica. Comparad el pura sangre de las cuadras de Rothschild, servido por un séquito de bípedos, con la pesada bestia de las granjas normandas que ara la tierra, acarrea el estiércol, transporta las cosechas. Mirad al noble salvaje a quien los misioneros del comercio y los comerciantes de la religión aún no han corrompido con el cristianismo, la sífilis y el dogma del trabajo, y mirad luego a nuestros miserables esclavos de las máquinas. [1]

Cuando, en nuestra Europa civilizada, queremos hallar un vestigio de la belleza nativa del hombre, debemos ir a buscarlo en las naciones donde

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