eterna es concentrar toda la energía de todas las naciones en el arte de la guerra, ¡el cual queda así incapacitado para la práctica!
Con tales paradojas, sin embargo, no necesitamos preocuparnos. El hecho evidente y admitido de que, como resultado de la competencia imperial, una proporción cada vez mayor del tiempo, la energía y el dinero de las naciones «imperialistas» es absorbida por los armamentos navales y militares, y de que los imperialistas no consideran practicable ningún freno a esta mayor absorción, sitúa al «militarismo» en la primera línea de la política práctica.
La Gran Bretaña y los Estados Unidos, que hasta ahora se habían felicitado por escapar al militarismo de la Europa continental, están sucumbiendo rápidamente ahora.
¿Por qué? ¿Sugiere alguien que alguna de las dos naciones necesita un ejército mayor para la protección de sus propias tierras o de cualquiera de sus asentamientos genuinos de raza blanca en otras tierras? En absoluto.
No se pretende que la militarización de Inglaterra sea necesaria para dicha labor de protección.
- Australia y Nueva Zelanda no se encuentran amenazadas por ninguna potencia, ni un ejército británico podría prestarles la asistencia adecuada en caso de estarlo;
- igualmente impotentes serían las fuerzas terrestres británicas contra la única potencia que podría concebiblemente atacar nuestro Dominio canadiense;
- incluso Sudáfrica, que se halla en la frontera entre colonia y dependencia tropical, no puede ser asegurada en última instancia por el poder militar de Inglaterra.
Es nuestra equivocada anexión de territorios tropicales y subtropicales, y el intento de gobernar a las «razas inferiores», lo que nos está empujando por la empinada cuesta hacia el militarismo.