gobierno, sostiene que «si se obliga a un pueblo bárbaro a aceptar la autoridad de un Estado más avanzado en civilización, la prueba de la legitimidad o ilegitimidad de esta imposición de autoridad no se halla en absoluto en ningún asentimiento o resistencia en el momento en que el gobierno comienza, sino únicamente en el grado de probabilidad de que, tras una plena experiencia de lo que el gobierno puede hacer para elevar a la población subyugada a un plano de vida superior, será otorgado un consentimiento libre y racional por aquellos que hayan llegado a comprender todo lo que se ha hecho» (Empire and Democracy, p. 265). El profesor Giddings no parece reconocer que todo el peso de la validez ética de esta curiosa doctrina del consentimiento retrospectivo recae sobre el acto de juzgar el grado de probabilidad de que se otorgue un consentimiento libre y racional, que su doctrina no ofrece ningún tipo de garantía para un juicio competente e imparcial, y que, de hecho, otorga a cualquier nación el derecho de apoderarse y administrar el territorio de cualquier otra nación basándose en una superioridad autoadjudicada y en unas aptitudes autoatribuidas para la labor de la civilización.
- Apéndice a La caída de Prempeh.
- “El Norte es mi pensamiento” (Cecil Rhodes: His Political Life and Speeches, p. 613).
- Pasajes de un informe reciente del cónsul británico en Cantón.
- Un discurso en la reunión anual de la Sociedad para la Propagación del Evangelio, 4 de mayo de 1900.
- The Chinese Crisis from Within, por Wen Ching, págs. 10, 12, 14 (Grant Richards).
- The River War, de Winston Churchill, vol. ii, págs. 204-206.
- El Imperio británico, p. 114.