Debemos admitir que el análisis de la herencia de los rasgos mentales avanza lentamente. Esto no es culpa del genetista, sino más bien del psicólogo, quien aún no ha podido proporcionar al genetista la descripción de rasgos definidos de un carácter tal que haga posible el análisis exhaustivo de su herencia individual. Ese departamento de la psicología apenas se está formando ahora.
Podríamos incluso admitir que aún no se ha aislado ningún «carácter unitario» heredado en la mente; pero sería un gran error suponer a partir de esta admisión que falta una prueba de la herencia de las cualidades mentales, en general.
Los psicólogos y educadores que piensan de este modo parecen estar influenciados por visiones metafísicas de la mente, o bien creer que el parecido entre progenitor y descendiente es la única evidencia de herencia que puede ofrecerse. Al padre le disgusta el queso, al hijo le disgusta el queso.
«Ajá, creen que eso es la herencia de una aversión al queso —exclama el crítico—, pero les enseñaremos algo mejor». Un ejemplo interesante de este tipo de enseñanza lo proporciona Boris Sidis, cuyos sentimientos se ven ultrajados porque los genetistas han afirmado que algunas formas de locura son hereditarias. Diserta durante varias páginas2 de esta manera:
"El llamado método científico de los eugenistas es radicalmente defectuoso, a pesar del despliegue fastuoso de láminas a color, tablas teñidas, especulaciones biológicas rutilantes, fórmulas matemáticas brillantes y complicados cálculos estadísticos. Los eugenistas amontonan el Pelión sobre el Osa de los hechos mediante el sencillo método de enumeración que Bacon y los pensadores que le sucedieron condenaron hace tiempo por pueril y fútil. Desde la creencia del salvaje en la magia simpática e imitative, con sus consiguientes supersticiones, presagios y tabúes, hasta los artículos de fe y dogmas de los eugenistas, hallamos el