nematelminto. Dado que cada especie ha surgido por evolución a partir de alguna otra, esta célula germinal que se observa en el cuerpo del nematelminto debe considerarse como parte de lo que bien puede llamarse una corriente de plasma germinal, que se remonta hasta el comienzo de la vida en el mundo. Será igualmente evidente que no existe un límite preestablecido para la extensión prospectiva de la corriente. Esta continuará en alguna rama, siempre que haya nematelmintos o descendientes de nematelmintos en el mundo.
El lector bien puede expresar dudas acerca de si lo que se ha demostrado para el oxiuro puede demostrarse para los animales superiores, incluido el hombre. Debe admitirse que en muchos de estos animales las condiciones son demasiado desfavorables, y el proceso de la embriología demasiado complicado, o demasiado difícil de observar, como para permitir una demostración tan clara de esta continuidad del plasma germinal, dondequiera que se busque.
Pero se ha demostrado en un gran número de animales; no se ha descubierto ningún hecho que socave la teoría; y los biólogos, por lo tanto, se sienten totalmente justificados al generalizar y declarar que la continuidad del plasma germinal es una ley del mundo de los seres vivos.
Centrando la atención en su aplicación al hombre, se ve que la especie debe representar una inmensa red de líneas de descendencia, que se remontan a través de un vasto número de diferentes formas de especialización gradualmente decreciente, hasta llegar a un punto en el que todos sus hilos se funden en un solo nudo: la célula única con la que puede suponerse que comenzó la vida en este globo. Cada individuo no es solo en sentido figurado, sino en un sentido muy literal, el portador de la herencia de toda la especie; de todo el pasado, en verdad.