y Gales entre 1850 y 1912, y a las defunciones durante los primeros cinco años de vida en el mismo periodo, han vuelto a6 comprobar que > "tanto para uno como para otro sexo, una elevada tasa de mortalidad en un año de vida significa una tasa de mortalidad notablemente menor en el mismo grupo al año siguiente de vida". Esta menor tasa de mortalidad se extiende en menor grado al año siguiente a aquel, pero con el método actual no es fácil rastrearla más
"Es difícil", como concluyen, "creer que este importante hecho pueda deberse a otra fuente que no sea la selección natural, es decir, una fuerte mortalidad deja tras de sí una población más fuerte".
Para evitar malentendidos, tal vez sea conveniente añadir a esta reseña las palabras con las que concluye la memoria de Elderton y Pearson.
«La Naturaleza no se preocupa por lo moral o lo inmoral, que son normas de la conducta humana, y el deber del naturalista es señalar lo que ocurre en la Naturaleza. Ya apenas cabe dudar de que, incluso en las comunidades humanas altamente organizadas, la tasa de mortalidad es selectiva y la aptitud física es el criterio para la supervivencia. Afirmar la existencia de esta selección y medir su intensidad debe distinguirse de la defensa de una alta mortalidad infantil como factor de eficiencia racial. Este recordatorio es tanto más necesario cuanto que no faltan quienes afirman que demostrar la existencia de la selección natural en el ser humano equivale a menospreciar todos los esfuerzos por reducir la tasa de mortalidad infantil».
En un capítulo posterior se encontrará una mayor discusión sobre este punto.