Se debería enseñar a los hombres un mayor respeto por la individualidad de las mujeres, de modo que ninguna muchacha de espíritu elevado se retraiga del matrimonio con la idea de que este implica la renuncia a su personalidad y un estado de servidumbre doméstica.
Es deseable una idea más perspicaz de la igualdad de sexos, así como el reconocimiento por parte de los hombres de que las mujeres no son necesariamente criaturas de mentalidad inferior. Sería una ventaja que la educación de los hombres incluyera cierta instrucción en este sentido. También sería una gran ganancia que las mujeres inteligentes tuvieran un mayor conocimiento de la economía doméstica y del arte de la maternidad, porque una de las razones por las cuales la joven culta se encuentra en desventaja al buscar pareja es la creencia —demasiado a menudo fundada— de muchos jóvenes de que ella es un lujo que no se pueden permitir.
La educación superior en general necesita ser reorientada. Tiene demasiado individualismo glorificado y valora en exceso el trabajo de «cuello blanco». La tendencia hacia la educación industrial ayudará a corregir esta situación.
El profesor Sprague13 señala otro defecto muy importante, cuando dice: > "Se necesitan más hombres fuertes en las plantillas de las escuelas públicas y de los colegios universitarios femeninos, y en todas estas instituciones son deseables más instructores casados de ambos sexos. El catálogo de uno de los colegios [femeninos] mencionados anteriormente muestra 114 profesores e instructores, de los cuales 100 son mujeres, de las cuales solo dos se han casado alguna vez. ¿Cabe esperar que el plan de estudios creado por un personal así idealice y prepare para la vida familiar y el hogar como la obra más grande del mundo y la meta