El agricultor, por su experiencia con plantas y animales, es probablemente el más capacitado que nadie para comprender la viabilidad de la eugenesia y, por consiguiente, no es cuestión de mera casualidad que la ciencia de la eugenesia en Estados Unidos fuera construida por una asociación de criadores, y que haya encontrado y siga encontrando cientos de defensores eficaces entre los graduados de las escuelas superiores de agricultura.
El programa de la eugenesia se divide naturalmente en dos partes:
(1) Reducir la contribución racial de la parte menos deseable de la población.
(2) Aumentar la contribución racial de la parte superior de la población.
La primera parte de este programa es la más urgente y la más fácil de abordar; no es de extrañar, por tanto, que a muchos les haya parecido el objetivo predominante de la eugenesia.
Cierto es que el problema es lo suficientemente grande como para pasmar a cualquiera que lo mire de frente; aunque, por diversas razones, es difícil obtener pruebas estadísticas satisfactorias de la degeneración racial.
Considerando únicamente la "población institucional" de los Estados Unidos, se obtienen las siguientes cifras:
Ciegos: total, 64.763 según el censo de 1900. De estos, 35.645 eran totalmente ciegos y 29.118 parcialmente ciegos. Se afirma que la afección fue congénita en 4.730 casos. Se descubrió que el diecinueve por ciento de los ciegos tenía parientes ciegos; el 4,5% de ellos figuraba como descendiente de matrimonios entre primos.