- El cerebro del hombre ha aumentado constantemente de tamaño, a medida que lo usaba cada vez más; * por otra parte, sus dientes caninos se han vuelto más pequeños. ¿Puede considerarse esto como la herencia de un proceso de uso y
Tal punto de vista se adopta con frecuencia, pero la doctrina lamarckiana nos parece aquí tan mística como en cualquier otra parte, y no más necesaria. Los cambios progresivos pueden explicarse de manera satisfactoria mediante la selección natural; los cambios regresivos son susceptibles de explicación en líneas similares. Cuando un órgano ya no es necesario, como las patas traseras de una ballena, por ejemplo, la selección natural deja de mantenerlo en su punto de perfección. La variación, sin embargo, sigue produciéndose en él. Dado que el órgano es ahora inútil, la selección natural ya no contendrá la variación en dicho órgano, y la degeneración seguirá de forma natural, pues de todas las variaciones que se producen en el órgano, aquellas que tienden a la pérdida son más numerosas que las que tienden al aumento.
Si se compara el desarrollo embrionario de la extremidad posterior de una ballena con algún proceso mecánico complejo, como la fabricación de una máquina de escribir, será más fácil comprender que una variación trivial que afectara a una de las primeras etapas del proceso alteraría todas las etapas sucesivas y arruinaría la perfección final de la máquina.
Parece, pues, que la degeneración progresiva de un órgano puede explicarse adecuadamente mediante la variación con la eliminación de la selección natural, y que no es necesario ni deseable recurrir a ningún factor lamarckiano de naturaleza inexplicable e indemonstrable.
La situación sigue siendo la misma cuando se consideran los procesos puramente mentales, como los instintos. El hábito repetido a menudo se vuelve instintivo, según se dice; y entonces el instinto así formado por el individuo se transmite a sus descendientes y se convierte al final en un instinto racial.