Sería totalmente injustificado, por ejemplo, suponer que cierto hombre obtuvo tres décimos de su naturaleza de su padre, porque la Ley de la Herencia Ancestral así lo requería: de hecho, podría obtener una décima parte o nueve décimas partes, nada o la totalidad de un rasgo determinado. Pero, al tratar con una población numerosa, los errores de un lado equilibran los errores del otro, y se comprueba que la ley, en los casos a los que se ha aplicado, expresa los hechos.9
Por tanto, aunque esta ley de Galton-Pearson no ofrece consejos en lo que respecta a los matrimonios individuales, sigue siendo de gran valor para la eugenesia aplicada.
En primer lugar, cristaliza la vaga idea de que la ascendencia remota tiene mucha menos importancia que la ascendencia inmediata para un individuo, al tiempo que demuestra que cada generación contribuye a hacer que el hombre sea como es.
En segundo lugar, se descubre, mediante un razonamiento matemático que no es necesario repetir aquí, que el tipo de una población puede cambiarse rápidamente mediante el cruzamiento de semejantes con semejantes; y que este tipo recién establecido puede mantenerse cuando no es capaz de un mayor progreso. La regresión no es inevitable, ya que puede superarse mediante la selección.
Para plantear la cuestión de un modo más concreto, hay razones para pensar que si durante unas pocas generaciones las personas superiores se casaran únicamente con personas que fueran en promedio superiores en igual grado (superiores tanto en ascendencia como en individualidad), se llegaría a un punto en el que toda la descendencia tendería a ser superior, quedando eliminadas las mediocridades del tipo anterior; y esta superioridad podría mantenerse siempre que se tuviera el cuidado de evitar el emparejamientos con inferiores.