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nydus/The Art of WarPublic
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ARTÍCULO VIII. Guerras nacionales

En España fui testigo de dos ejemplos terribles de este género. Cuando el cuerpo de Ney reemplazó al de Soult en La Coruña, había acampado las compañías del tren de artillería entre Betanzos y La Coruña, en medio de cuatro brigadas distantes del campamento de dos a tres leguas, y no se había visto ninguna fuerza española en cincuenta millas; Soult aún ocupaba Santiago de Compostela, la división Maurice-Mathieu estaba en Ferrol y Lugo, la de Marchand en La Coruña y Betanzos: sin embargo, una buena noche las compañías del tren —hombres y caballos— desaparecieron, y nunca pudimos descubrir qué fue de ellos; un solitario cabo herido se escapó para informar de que los campesinos, guiados por sus monjes y curas, los habían exterminado de este modo.

Cuatro meses después, Ney con una sola división marchó a conquistar Asturias, descendiendo por el valle del Navia, mientras Kellermann desembocaba desde León por el camino de Oviedo. Una parte del cuerpo de La Romana que guardaba Asturias marchó por detrás de las alturas mismas que encierran el valle del Navia, a lo sumo a una legua de nuestras columnas, sin que el mariscal supiera una sola palabra de ello: cuando entraba en Gijón, el ejército de La Romana atacó el centro de los regimientos de la división Marchand, los cuales, al estar dispersos para guardar Galicia, apenas escaparon, y eso únicamente por el pronto regreso del mariscal a Lugo.

Esta guerra presentó mil incidentes tan llamativos como este. Todo el oro de México no habría podido procurarle información fidedigna a los franceses; lo que se les daba no era más que un anzuelo para hacerlos caer más fácilmente en las trampas.

Ningún ejército, por muy disciplinado que sea, puede luchar con éxito contra un sistema semejante aplicado a una gran nación, a menos que sea lo suficientemente fuerte como para retener todos los puntos esenciales del país, cubrir sus comunicaciones y, al mismo tiempo, proporcionar una fuerza activa suficiente para derrotar al enemigo allí donde este se presente.

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