ocurre lo contrario con la parte política de la guerra, la cual se ve modificada por el espíritu de las comunidades, por las localidades y por los caracteres de los hombres al frente de los estados y de los ejércitos. El hecho de estas modificaciones se ha utilizado para demostrar que la guerra no conoce reglas. La ciencia militar se basa en principios que jamás pueden infringirse impunemente en presencia de un enemigo activo y hábil, mientras que la parte moral y política de la guerra presenta estas variaciones. Los planes de operaciones se trazan según lo exijan las circunstancias: para ejecutar dichos planes, es necesario observar los grandes principios de la guerra.
Por ejemplo, el plan de una guerra contra Francia, Austria o Rusia diferiría ampliamente de uno contra las valientes pero indisciplinadas hordas de turcos, que no pueden mantenerse en orden, no son capaces de maniobrar bien y no poseen firmeza ante las desgracias.