A la espera de que algún oficial estudioso, aprovechando esos documentos publicados e inéditos, ofrezca a Europa una buena geografía militar y estratégica, podemos, gracias al inmenso progreso de la topografía en los últimos años, suplir parcialmente esta carencia mediante las excelentes cartas publicadas en todos los países europeos en los últimos veinte años. Al comienzo de la Revolución francesa, la topografía estaba en su infancia: a excepción del mapa semitopográfico de Cassini, solo los trabajos de Bakenberg merecían tal nombre. Las escuelas de Estado Mayor austriaca y prusiana, sin embargo, eran buenas y desde entonces han dado frutos. Las cartas publicadas recientemente en Viena, en Berlín, Múnich, Stuttgart y París, así como las del instituto de Herder en Friburgo, prometen a los futuros generales inmensos recursos desconocidos para sus predecesores.
La estadística militar no es mucho mejor conocida que la geografía. Solo tenemos declaraciones vagas y superficiales, a partir de las cuales se conjetura la fuerza de los ejércitos y las armadas, así como los ingresos que se supone posee un Estado, lo cual dista mucho de ser el conocimiento necesario para planificar operaciones.
Nuestro objetivo aquí no es discutir a fondo estos importantes temas, sino señalarlos como facilitadores del éxito en las empresas militares.