El orden oblicuo (Fig. 9) es el mejor para una fuerza inferior que ataca a una superior; pues, además de la ventaja de concentrar la fuerza principal de las tropas contra un solo punto de la línea del enemigo, tiene otras dos igualmente importantes, ya que el ala debilitada no solo se mantiene alejada del ataque del enemigo, sino que cumple también la doble función de retener en su posición la parte de su línea no atacada, y de estar disponible como reserva para apoyar, si es necesario, al ala combatiente.
Este orden fue utilizado por el célebre Epaminondas en las batallas de Leuctra y Mantinea. El ejemplo más brillante de su uso en los tiempos modernos lo dio Federico el Grande en la batalla de Leuthen. (Véase el Capítulo VII del Tratado de Grandes Operaciones).