También es importante considerar atentamente el Artículo XLII, que explica cómo un general puede hacer un pequeño número de suposiciones sobre lo que el enemigo puede o podrá hacer, y sobre el curso de conducta que él mismo deberá seguir basándose en esas hipótesis. Puede así acostumbrarse a estar preparado para cualquier eventualidad.
Debo llamar también la atención sobre el artículo XXVIII, acerca de los grandes destacamentos. Estos son males necesarios y, si no se manejan con gran cuidado, pueden resultar ruinosos para los mejores ejércitos. Las reglas esenciales sobre este punto son: hacer el menor número posible de destacamentos, lograr que tengan gran movilidad, reintegrarlos al cuerpo principal tan pronto como sea practicable y darles buenas instrucciones para evitar desastres.
No tengo nada que decir respecto a los dos primeros capítulos sobre política militar; pues ellos mismos no son más que un breve resumen de esta parte del arte de la guerra, que concierne principalmente a los hombres de Estado, pero que debe ser comprendida a fondo por los militares.
Invitaré, sin embargo, a prestar especial atención al Artículo XIV, relativo al mando de los ejércitos o a la elección de los generales en jefe,—un tema digno del más esmerado cuidado por parte de un gobierno sabio; pues de él depende a menudo la seguridad de la nación.
Podemos confiar en que un buen estratega será un buen jefe de estado mayor para un ejército; pero para el mando en jefe se requiere un hombre de cualidades probadas, de gran carácter y conocida energía. La acción conjunta de dos hombres tales como comandante en jefe y jefe de estado mayor, cuando no se puede disponer de un gran capitán de primera categoría, puede producir los resultados más brillantes.
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