Fig. 34.
El orden en masas muy profundas (véanse las Figs. 33 y 34) es sin duda el más imprudente. En las últimas guerras de Napoleón, a veces se desplegaban doce batallones cerrados los unos sobre los otros, formando treinta y seis filas estrechamente apiñadas.
Tales masas quedan enormemente expuestas a los efectos destructivos de la artillería; su movilidad y su ímpetu disminuyen, al tiempo que su fuerza no aumenta. El uso de dichas masas en Waterloo fue una de las causas de la derrota francesa.
La columna de Macdonald tuvo más suerte en Wagram, pero a costa de una gran pérdida de vidas, y no es probable que dicha columna hubiera resultado victoriosa de no ser por los éxitos de Davoust y Oudinot en la izquierda de la línea del archiduque.
Cuando se decide arriesgar una masa semejante, ciertamente debe tomarse la precaución de colocar en cada flanco un batallón marchando en fila, de modo que si el enemigo carga contra la masa por el flanco, esta no necesite ser detenida en su avance. (Véase la Fig. 33.) > Bajo la protección de estos batallones, que pueden hacer frente al enemigo, la columna puede continuar su marcha hasta el punto que se espera alcanzar; de otro modo, esta gran masa, expuesta a un poderoso fuego convergente