Algunos militares, en sus intentos por perfeccionar el arte, han recomendado que la división de infantería, que a veces tiene que actuar de forma independiente, deba comprender tres brigadas en lugar de dos, porque este número permitirá una para el centro y otra para cada ala. Esto constituiría sin duda una mejora; pues si la división contiene solo dos brigadas, queda un espacio abierto en el centro entre las brigadas de los flancos: estas brigadas, al no contar con un apoyo central común, no pueden actuar con seguridad de forma independiente la una de la otra.
Además de esto, con tres brigadas en una división, dos pueden entrar en combate mientras la tercera se mantiene en reserva, lo cual es una ventaja evidente. Pero, si treinta brigadas formadas en diez divisiones de tres brigadas son mejores que cuando se forman en quince divisiones de dos brigadas, se hace necesario, para obtener esta perfecta organización divisional, aumentar los efectivos de la infantería en un tercio, o reducir las divisiones del cuerpo de ejército de tres a dos; esto último constituiría una seria desventaja, porque al cuerpo de ejército se le exige actuar de forma independiente con mucha más frecuencia que a una división, y la subdivisión en tres partes es especialmente la mejor para aquel2.
Cuál sea la mejor organización que deba darse a un ejército que recién se encamina hacia una campaña seguirá siendo por mucho tiempo un problema de logística; porque es sumamente difícil mantener la organización original en medio de las operaciones de guerra, y es necesario enviar destacamentos continuamente.
La historia del gran ejército de Boulogne, cuya organización parecía no dejar nada que desear, prueba la afirmación recién hecha. El centro bajo las órdenes de Soult, el ala derecha bajo las de Davoust, la izquierda bajo las de Ney y la reserva bajo las de Lannes formaban en conjunto un cuerpo de batalla regular y formidable de trece divisiones de infantería, sin contar las de la guardia y los granaderos.