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nydus/The Art of WarPublic
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Conclusión

Si es un hombre de carácter, podrá disminuir los malos resultados de su fracaso, pero si pierde la cabeza, perderá su ejército.

El mismo general puede, por otra parte, ser a la vez un buen táctico y estratega, y haber tomado todas las disposiciones para obtener una victoria que sus medios le permitan: en este caso, si cuenta con el apoyo tan solo moderado de sus tropas y oficiales subalternos, probablemente obtendrá una victoria decisiva.

Si, por el contrario, sus tropas carecen de disciplina y valor, y sus oficiales subalternos lo envidian y engañan,2 indudablemente verá desvanecerse sus hermosas esperanzas, y sus admirables combinaciones solo podrán tener el efecto de disminuir los desastres de una derrota casi inevitable.

Ningún sistema de tácticas puede conducir a la victoria cuando la moral de un ejército es mala; y aun cuando esta sea excelente, la victoria puede depender de algún acontecimiento como la ruptura de los puentes sobre el Danubio en Essling.

Tampoco las victorias se ganarán o perderán necesariamente por la adhesión rígida o el rechazo de tal o cual manera de formar a las tropas para la batalla.

Estas verdades no deben llevar a la conclusión de que no puede haber reglas sensatas en la guerra, cuya observancia, siendo las probabilidades iguales, conducirá al éxito.

Es verdad que las teorías no pueden enseñar a los hombres con precisión matemática lo que deben hacer en cada caso posible; pero también es cierto que siempre señalarán los errores que deben evitarse; y esta es una consideración sumamente importante, pues estas reglas se convierten así, en manos de generales hábiles que mandan tropas valientes, en medios de éxito casi seguro.

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