guerra comenzó a librarse sin campamentos, los movimientos se volvieron más complicados y los oficiales de estado mayor tuvieron funciones más extensas. El jefe de estado mayor comenzó a desempeñar el deber de transmitir las concepciones del general a los puntos más distantes del teatro de guerra, y de procurarle los documentos necesarios para estructurar los planes de operaciones. El jefe de estado mayor fue llamado a asistir al general en la organización de sus planes, a dar información de ellos a los subordinados mediante órdenes e instrucciones, a explicarlos y a supervisar su ejecución tanto en su conjunto como en sus mínimos detalles: sus deberes estaban, por lo tanto, evidentemente conectados con todas las operaciones de una campaña.
Para ser un buen jefe de Estado Mayor, se volvió de este modo necesario que un hombre estuviera familiarizado con todas las diversas ramas del arte de la guerra.
Si el término logística incluye todo esto, las dos obras del archiduque Carlos, los voluminosos tratados de Guibert, Laroche-Aymon, Bousmard y Ternay, tomados todos en conjunto, apenas darían siquiera un esbozo incompleto de lo que es la logística; pues no sería otra cosa que la ciencia de aplicar todos los conocimientos militares posibles.
Por lo que se ha dicho, resulta que el antiguo término logística es insuficiente para designar los deberes de los oficiales de estado mayor, y que las verdaderas funciones de un cuerpo de dichos oficiales, si se intenta instruirlos de manera adecuada para su desempeño, deben ser prescritas con precisión mediante reglamentos especiales de acuerdo con los principios generales del arte.
Los Gobiernos deben tomar la precaución de publicar reglamentos bien meditados que definan todas las obligaciones de los oficiales de estado mayor y ofrezcan instrucciones claras y precisas sobre los mejores métodos para desempeñar tales funciones.