se determinan más por consideraciones políticas que estratégicas: desempeñan un papel importante en la mayoría de las coaliciones e influyen en las operaciones y los planes de los gabinetes. Pueden llamarse puntos objetivos políticos.
En efecto, además de la íntima conexión entre la política y la guerra en sus preparativos, en la mayoría de las campañas se emprenden algunas empresas militares para llevar a cabo un fin político, a veces muy importante, pero a menudo muy irracional. Con frecuencia conducen a la comisión de grandes errores en la estrategia.
Citamos dos ejemplos.
- Primero, la expedición del duque de York a Dunkerque, sugerida por viejas miras comerciales, dio a las operaciones de los aliados una dirección divergente que causó su fracaso: de ahí que este punto objetivo fuera malo desde el punto de vista militar.
- La expedición del mismo príncipe a Holanda en 1799 —debida asimismo a las miras del gabinete inglés, secundadas por las intenciones de Austria sobre Bélgica— no fue menos fatal; pues condujo a la marcha del archiduque Carlos desde Zúrich hacia Mannheim, una medida muy contraria a los intereses de los ejércitos aliados en el momento en que se emprendió.
Estas ilustraciones prueban que los puntos objetivos políticos deben estar subordinados a la estrategia, al menos hasta después de haber alcanzado un gran éxito.